Un abismo de la nada apareció para darle fin a su caída.
El ángel que nada conocía por la oscuridad ahora caía
De sus ojos se perdieron esas inocentes miradas.
De sus alas se exiliaron nubes quemadas.
De su rostro escaparon trescientas espadas.
La sangre se derramaba por él.
La vida se iba corriendo.
En el asfalto calló, mientras nadie lo veía.
Frio suelo piso cuando a la realidad volvía.
El no recordaba, ya de donde venia.
Por que la luz que obtenía.
Ahora en la miseria se veía.
Por Helena carrión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario