jueves, 18 de agosto de 2011

Libros.


Libros.

Son esos que nos entretienen y nos enseñan.  Son aquellos a los que nos vemos obligados a leer, son esos olvidados en la biblioteca, los que están solo para aparentar cultura.
Libros llenos de polvo, triste sin sentido. Pasan su vida sufriendo hasta que alguien viene, les da una ojeada, y los vuelven a poner en el mismo lugar donde estaban.
Libros…libros que parecen personas, Pensando siempre en la misma caja, hasta que alguien logra sacarlos de allí, para volver a encerrarlos.
Miles y miles de letras, Ignoradas.
Letras que ansían pasar por tus ojos. Letras que desean verse en el espejo de tus ojos, en el cálido aliento de tus palabras.
Párrafos, oraciones, escritas con cariño, con odio.
Odio que se convertiría en lo más querido de nadie.
Odio que añoramos ahora, ese morbo sutil que tienen los libros.
Su base, un equilibrio. ¿Pero…que sería el mundo sin ellos? El mundo seria mundo, porque ya no nos importan.
Mundo que es mundo.
Con gente que no es gente dentro.
Personas que simulan querer, y por dentro saben que no pueden. Personas que habitan nuestras calles, invaden nuestro paisaje, exterminan nuestro territorio.
Personas que no lo son, personas que te ahogan, te ahogan con palabras, palabras que sacaron de un libro.
Libros que nunca más lo serán de nuevo…. Porque les dejamos de importar.
Se cansaron de enseñarnos, nos cansamos de aprender, nos hemos soltado para jamás volver. 

Por Helena Carrión. 

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