sábado, 13 de agosto de 2011

Los lápices de colores.


Los Lápices de colores.

Hace ya mucho tiempo, el matrimonio Rothwood se mudo a las afueras de la ciudad de Mississippi. Allí sembraron su vida entera en el asoleado campo verde. Era un matrimonio muy feliz, porque una nueva noticia había llegado al hogar. La esposa, Mary, estaba en la dulce espera de una niña. La pareja esperaba con ansias la llegada de la bendición. Mary había tejido ya miles de saquitos, pulóveres y bufandas para la pequeña. Y hasta tenían un nombre. Cherry
El padre, cuya felicidad no era menor a la de su esposa, trabajaba todo el día en su campo para poder llegar a casa y pasar tiempo con su hermosa esposa.
En esa preciosa granja, un verde pastizal cubría hectáreas dándole vida a cada rincón el día que Cherry llego al mundo. Ese día fue muy especial, decían, porque el sol brillaba más aun, las vacas muaban (? de felicidad y los perros se corrían unos a otros en señal de alegría.
Mientras pasaban los años, mejor se ponía la familia, cada vez había más cuadros de “home sweet home" cada vez mas bufandas para el invierno. Era cherry muy feliz, sus padres siempre le daban todo lo que quería. Tenía caballos, ovejas, cerdos, burros y gallinas. Le ponía nombre a cada una de ellas. Cherry era bastante apegada a su padre, este trabajaba en su campo todos los días, cuidando cada planta que brotase. Como otra hija más.
Todas las mañanas Marry despertaba, le hacia el desayuno a su marido, y a su hija. Ella iba al colegio rural y él se dedicaba a su campo. Cuando su madre no limpiaba, estaba tejiendo y cuando no tejía hacia manualidades para la casa. Tanta dedicación que parecía una casa de muñecas.
Cherry era su pequeña bendición, aquel trofeo que cuidaban mucho. Cuando la niña cumplió 9 le regalaron una caja gigante llena de lápices de colores, en ella había lápices amarillos, verdes, azules y toda una gama de rojos. Había incontables colores.
Desde ese momento, Cherry se acostumbro a dibujar cada cosa que viese, dibujo caballos, ovejas, cerdos, burros y gallinas. Incontables veces dibujo el granero y otras más la estancia. Toda su habitación se había llenado repentinamente de dibujos, muchos dibujos, de todas clases de colores. Dibujaba lo que sea, pero dibujaba, ella siempre dibujaba.
Una mañana de invierno, cherry despertó, hacia frio, pero no importaba por que en su casa, siempre hacia calor. Bajo por unos waffles, esos que solía hacer su madre todas las mañanas de invierno. Tomo un vaso de leche y se sentó en la mesa de madera para desayunar. Todo estaba bien, hasta que un auto paro en la puerta de su casa.
Marry apurada bajo de inmediato, cerro la perta con fuerza y se acerco al auto. Luego de unos minutos volvió a su hogar. Tenía una carta en la mano, Era una carta que provenía de lejos, por lo que vio cherry.
Su padre, que recién despertaba, pudo notar que algo estaba mal. La cara de decepción de su esposa  era una que nunca había visto. Era como si algo anduviese mal. Caminó hacia ella tomando la carta.
Ella no dijo ni una palabra.
Cherry estaba algo asustada de la situación, porque nunca había visto a su padres tan asustados, cuando su padre abrió la carta, llevo su mano a su boca, en un acto de sorpresa y miedo a la vez. Cherry tenía miedo ahora, ¿que podía ser tan malo? Miro a su padre e intento hablarle, pero él no despegaba los ojos de eso amarillento papel.
Preguntó otra vez, pero ninguno contestaba.
"MAMA" –grito-, pero ella no respondía a sus llamados. Algo ofendida subió a su habitación. Se asomo por la ventana, y vio como se acercaba una tormenta. Estaba enfriando. Se vistió, y bajo para entrar a los caballos a la estancia.
Luego de varias horas intento poder hablarles a sus padres. Cuando se acerco a su madre, que estaba como de costumbre limpiando, esta se voltio a verla con una cara de extrema tristeza, emitiendo un frio y claro “¿QUE?”
La niña supo que algo estaba mal, porque nunca la trataban de esa manera, sentía qué tenía la culpa de todo. Corrió a ver a su padre que se encontraba en el sillón leyendo un libro de literatura griega.  Al preguntarle el le dijo "nena, sé que no entenderás si te explico"
Ella insistió, a los que él, cerro el libro, lo puso en la mesa junto a su pipa. Y volteándose contra ella le dijo "hija, quieren sacarnos el campo, lo que significa que tenemos que venderlo. Nos ofrecen una gran cantidad de dinero, para que podamos construirnos otra, pero, a cambio deberemos abandonar esta. Tu madre y yo no estamos de acuerdo. Por lo visto no aceptaremos la oferta" Cherry lo miro bastante confundida, ella no se quería ir, así que tomo la postura de su padre y le dijo "yo no me iré" -Alzando la cabeza y una sonrisa que valía millones de dólares-.
Su padre rio, y tomo de nuevo el libro, dándole la espalda a su hija.

Esa tormenta parecía no tener fin, ya habían pasado 4 días sin que las nubes se alejasen. A sus padres ya parecía no importarles a situación. Una tarde en la que cherry estaba ayudando a su madre a desenredar una bolita de lana, alguien toca la puerta. Toco mas o menos 3 veces hasta que la madre se levando de la silla, y caminó tranquilamente hacia la puerta.
Era un hombre de traje negro, llevaba un bastón, y un maletín. Lo hiso pasar. Cherry que estaba a un costado del comedor, observo cada movimiento que él hacía, estudiando todos sus gestos y movimientos, apoyó el maletín, y por lo que llego a escuchar este hombre le dijo: "Mire señora, yo no quiero ser pesado ni mucho menos, pero siento que está evitando la realidad. Usted y su familia están obligadas por el gobierno para abandonar esta *mirando asombrado que no era una casucha cualquiera* esta... casa. No sé si me entiende - la mujer asintió- Asique, le dejo estas nuevas copias para que las firme y en 48 horas abandone el hogar- la mujer asintió de nuevo. Firme aquí y aquí. -Mary no movió un dedo- Señora, necesito que firme, - ella no respondió a su llamado- Esta bien, si necesita más tiempo para pensar las dejare exactamente aquí y volveré mañana a primera hora"
El hombre se retiro sin siquiera saludar.
Marry, sin que la situación arruine su estado de ánimo, se sentó en su silla de nuevo, agarro el ovillo, y siguió con el trabajo que estaba haciendo.
Cherry, algo asombrada por lo que acababa de escuchar, miro a su madre fijo y le pregunto, "¿vamos a irnos mami?"  -corriéndose el cabello de la cara-  Claro que no cariñito, nos quedaremos aquí aunque tengan que sacarnos con amoladoras, tu adre y yo hemos depositad nuestra vida aquí y nadie nos sacara nuestro pasado.
Dicho y hecho a la mañana siguiente estaba allí el hombre. Pero esta vez nadie le abrió la puerta, cherry miraba a sus padres con total extrañamiento, ellos ignoraban el hecho que el hombre estuviese haya afuera, y continuaban con sus rutinarias acciones hogareñas.
Luego de unos minutos el hombre se retiro en su respectivo auto negro. Y comenzó a llover de nuevo. Cherry hiso un dibujo de ella y sus padres junto a la estancia y lo pego en la puerta principal. Cuando lo estaba pegando, ve a su padre viniendo con un monto de maderas en sima.  Lo ayudo cargando algunas sin preguntar para que fueran.
Ya adentro la niña empezó a asustarse, su padre estaba tapizando las ventanas, "¿papi, por que tapas la luz?" -riendo le contesto- Para que nadie entre.  Cuando termino siguió con las puertas.
"papi, para que cerras las puertas" - riendo nuevamente contesto- Para que nadie pueda salir.
Cherry asustada corrió hasta arriba, a su habitación, se metió bajo sus sabanas y con sus lápices dibujo un sol, junto al sol una nube y un árbol y abajo un caballo. ¡Caballos! Hace mucho que no los alimentaba. Cherry corrió lo más rápido que pudo al primer piso, y buscando una puerta grito "papi papi los caballos, olvide alimentarlos!" - el padre sonrió- No necesitamos caballos a donde vamos.
"papi, ¿a dónde vamos?" - a un lugar más feliz"
Su madre que estaba tejiendo hace ya media hora prendió la calefacción, y continúo su largo tejido.
La niña mas asustada aun fue a la cocina y se sentó donde solía hacerlo cuando la retaban por algo que hiso, o cuando estaba triste. Un rayo la despertó de sus pensamientos, y como empezaba a hacer calor allí decidió dormir un poco hasta que esta situación pasare.
Cuando vuelve al cuarto, su padre estaba cubriendo las ventanas de su habitación, impidiendo que cualquier mínimo rayo de luz entrase. Ella asustado le grito "¡NO, MIS VENTANAS NO!"
-levantando mas el tono- "TENGO QUE, NENA"
Ella lo corrió bruscamente y de acostó bajo todas las capas de frazadas almohadones y sabanas.  Después de un largo rato, al no tener ventanas no sabía qué hora era. Pero recordó que había un reloj en su comedor.
Al bajar su corazón se acelero al ver cosa tan impresionante Una gran masa de lana tejida que abarcaba todo el comedor, inundaba las paredes. Todos los adornos de la pared caían mientras esa cosa crecía y crecía, su madre estaba allí dentro, dentro de la masa azul que crecía y crecía mientras ella seguía tejiendo.
Su padre, ¿dónde estaba?
Estaba en la biblioteca leyendo libro tras libro tras libro tras libro uno y otro, pasaban los libros de literatura griega -poner ejemplos-
Cherry que en su confundida cabeza de 9 años no entendía por qué actuaban así. Decidió hacer lo único que se le vino a la mente.
Entre el Sonido de Ray charles que se escuchaba de fondo, cherry corrió a su habitación y tomo los lápices de colores que le habían reglado, con un sacapuntas viejo los afilo, y tomando un puñado de ellos, se adentro a la masa azul que su madre tejía, que ya la había cubierto. Intento con todas sus fuerzas llegar hacia su madre que estaba en si misma tejiendo, tejiendo y tejiendo. No hacía otra cosa.
Cherry Tomo con fuerzas sus lápices de colores y los enterró en el cuello de su madre. La masa azul dejo de avanzar por las paredes. El cuerpo de la madre, perdía calor cada vez mas rápido.
Cherry se alejo de ella con una expresión de asco y desprecio, y camino hasta la habitación donde se encontraba su padre. Estaba en un rincón, pero esta vez en sus manos tenía un gran diccionario de palabras en portugués, y su traducción, tal seria su locura que ya iba por la letra "J" La joven niña camino lentamente por el costado de la pared y sacando otros tres lápices de su bolsillo, ataco sorpresivamente a su padre. Incrustando esos lápices en sus ojos.
El disco que sonaba paró, los pájaros empezaron a salir.
El ruido fresco del viento chocando con los arbustos, y mientras limpiaba su prolijo vestido color rosa la niña salió por una ventana, corriendo maderas de ellas. Camino por la ruta, todavía tenía un lápiz en el bolsillo, el lápiz color verde manzana.


Por Helena Carrión.


Foto por: Helena Carrión.

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