Creemos que lo vemos todo, pero no es así.
La habitación del hotel esta llena de gente, llena de almas, llena de sueños que no se cumplieron. Aquellos que no lo lograron se quedaron a pagar sus deudas. Recuerdos que nos saturan la cabeza, imágenes que quedaron en la memoria.
Todo aquello que damos por muerto queda en la habitación 701, la habitación de lo que se atraso, lo que se arruina y destruye.
Como juguetes rotos desechamos aquellos sueños que no nos pretermitimos cumplir, todos nuestros prejuicios llenan nuestras venas hasta explotar y luego volver a nacer.
Miradas que acusan por toda la habitación, parece un concurso de frustrados. Un concurso de gente sin esencia, todos muertos están.
Nuestros miedos quedaran, para hacer presencia de nosotros, en esa habitación. Todo lo que lloramos y sufrimos se derretirá por las paredes.
Así que quedaremos en la memoria de la 701 cuando no nos dejemos caer, cuando dejemos de soñar, cuando pensemos en lo que “nunca pasara.” Como juguetes rotos desechamos aquellos sueños que no nos pretermitimos cumplir, todos nuestros prejuicios llenan nuestras venas hasta explotar y luego volver a nacer.
Miradas que acusan por toda la habitación, parece un concurso de frustrados. Un concurso de gente sin esencia, todos muertos están.
Nuestros miedos quedaran, para hacer presencia de nosotros, en esa habitación. Todo lo que lloramos y sufrimos se derretirá por las paredes.
Por Helena Carrión.
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