martes, 2 de agosto de 2011

Tren nocturno.

Tren nocturno.



Estaba ahí sentado, bajo las luces de la estación de trenes, una luz tenue, que por
momentos se cortaba y volvía a prender.

Mi café se enfriaba mientras admiraba las vías llenas de basura, la gente las usaba
como su gran tacho personal, y arrojaban toda clase de envoltorios, botellas,
cigarros, papeles.

Escuche los pasos acelerados de unos mocasines nuevos, detenidamente gire la cabeza y pude reconocer entre las sombras el rostro desfigurado gordo y sudado de mi jefe.

Me levante de el asiento preocupado, ese hombre no era de correr de esa manera, pasaron unos segundos hasta que recuperó el aliento y entre silbidos me dijo que el conductor del tren nocturno no vendría y que yo tomaría su lugar por una noche.

Tomó asiento mientras se estrujaba el pecho con la mano.

-Está bien, lo sustituiré pero solo por esta noche.- Le dije mientras apoyaba mi vaso de café a su lado.

Emprendí camino hacia el tren nocturno .Este era algo más antiguo, llevaba candelabros dentro, y ventanas que se abrían con facilidad, era un tren en muy mal estado, pero la empresa no lo cambiaria...

Subí somnolientamente al primer vagón, y camine hasta la silla del conductor, era de madera y crujía en cada movimiento.  Era un tren que daba miedo, perfecto para una película de terror, pero en ese entonces solo me preocupaba llegar a la otra terminal, y volver a mi casa.

La campana sonó y algunas personas subieron, no eran muchas, algunos eran trabajadores que volvían a sus casas, otros simples viajeros que tenían la esperanza de encontrar alguna aventura por la vida.

Empecé a conducir el primer kilómetro bastante despierto, iba escuchando una FM que pasaba buena música, hasta alguna las reconocía porque mi hijo las pasaba una y otra vez cuando estaba en casa, dios, tenía tantas ganas de volver a casa...

Cuando pasó de canción, sonó una que me hiso recordar a mi familia, y en eso se me cruzo por la cabeza que mi familia no sabía que yo tomaría el turno nocturno...se preocuparía por mi... hasta creerían que... que... había muerto o algo…

Pensé en mi esposa, en su brillante bondad y belleza, la vi llorando, por mi...sufriendo...

¿Qué haría? no tenía ningún método para llamarla.... no podía parar el tren, no podía... hacer nada.

De pronto me di cuenta que no había nada que pudiese hacer para cambiar las cosas. Ella se iba a preocupar de todos modos.  


El paisaje se volvía más oscuro, la temperatura bajaba, podía ver como la luz de la luna alumbraba la niebla, que inocente, pero peligrosa, se acercaba a las vías del tren.

Era muy tarde, se acercaban las dos de la mañana cuando de repente mi cabeza calló un segundo en plena paz mental.

Pero desperté asustado de que hubiesen pasado horas… no era bueno que maneje con sueño.

En realidad ni siquiera sé por qué acepte ese turno, tranquilamente le podía haber dicho que no… ahora le estaba arriesgando  la vida a todas esa personas, y a mí.

Pasaban las estaciones, pasaba el tiempo, cada vez me adentraba mas en el campo, mismos arboles veía pasar, misma niebla… y la luna mirándome, vigilándome, silenciosamente desde arriba.

Después de un tiempo empecé a ver algunas luces en el horizonte, justo en la vía... supuse que esa seria ya la otra estación…pero las luces se hacían cada vez más claras.

Recuerdo que eran un par de luces al principio.

Dos luces firmes de color amarillo.

Dos luces que después se convirtieron en cuatro luces amarillas.

Cuatro luces amarillas a las que me acercaba… empecé a dudar si eran de verdad las luces de la estación… parecían las luces de un tren parado…

Como estaba aún lejos fui deteniendo el tren… lentamente baje la velocidad. Mientras mas me acercaba, más me daba cuenta que no era un tren…

¿Pero que era entonces?

Mire a mis pasajeros, en el primer vagón eran dos… así que decidí dar una vuelta por los 7 vagones y darme una idea cuanta gente tenía abordo.

La gente al verme sospechaba que algo andaba mal… se empezaban a asustar por que el tren estaba varado, y me preguntaban por qué, pero yo no les respondía. Eran alrededor de diez u once personas.

Intente calmarlas y juntarlos a todos en el vagón principal, donde podría explicarles la situación. Cuando por fin los pude sentar a todos, sin que nadie gritase o llorase, anuncié que bajaría del tren a examinar las vías.

La gente se veía aterrorizada, pero yo no lo estaba, sabía que no era algo muy normal pero no tendría respuestas hasta que yo mismo fuera y las encontrase.

Así fue como me aventuré, baje del tren hacia como máximo dos grados, era un frio invernal…pero era primavera… Camine tranquilo con mi linterna apuntando hacia el piso. Un suelo cubierto de pasto, como si no hubiesen pasado trenes hace años, pero eso era imposible…porque a lo lejos veía una ciudad y esta parecía su única entrada por las vías.

Camine un largo rato hasta llegar al lugar donde provenían las luces, era un colectivo…en el medio de nuestras vías…la situación empezaba a asustarme un poco, porque estaba completamente vacío, pero las luces estaban encendidas.

Le di un par de vueltas aterrorizado, y pude notar que la llave estaba adentro llena de telarañas…

Confundido me aleje pero cuando me di vuelta camino para mi tren, sentí claramente como algo caminaba detrás mío, no era un persona, era algo mas, podía notarlo.

Con coraje lo ignore y corrí hacia el tren, corrí lo más rápido que pude y cuando llegue, la gente ansiaba saber qué era eso, y porque corría.

Sin darles muchas respuestas me lleve a los hombres para que me ayuden a manejar el colectivo varado, y llevarlo al costado, para que nuestro tren pudiese pasar.

Aventurándome otra vez me encamine esta vez con otras dos personas. Sin decir nada en todo el camino les mostré el colectivo, aterrorizados igual que yo aceptaron ayudar.

Tenía demasiado miedo de entrar a ese colectivo en ese momento, sentía pánico. Pero era lo que tenía que hacer. Levante mi cabeza, respire hondo y entré.

Allí el clima era mucho más diferente que afuera, me costaba entender porque ahí hacía calor, y afuera frio invernal. Llame rápido a mis dos pasajeros que bajo una luna, estudiaban el transporte fantasmal, ellos tampoco lo creían, era una cosa tan inexplicable, tan… tan anormal…

Mientras me fascinaba por eso, el tiempo corría, y el temor de mi familia por mi vida contaba cada segundo.

La llave estaba puesta… solo un mínimo movimiento encendió el colectivo. Y con él sus luces.

Era un colectivo muy, muy viejo, tenia detalles en oro y madera, sus pisos crujían y las luces permanecían prendidas y brillaban como mil soles.

Me sentí más cómodo cuando las luces prendieron, que cuando todo estaba apagado.

Fui calentando en motor para poder moverlo de ahí.

Me sentía tan bien dentro de ese colectivo, una sensación inexplicable… cada asiento se veía tan confortable, y sus decorados daban ganas de quedarse a vivir ahí.

Tome mi tiempo para moverlo, lenta pero eficientemente lo moví con la ayuda de los dos hombres hacia un costado de la vía.

Antes de apagarlo decidí llevarme uno de los accesorios que tenía el colectivo en una de sus esquinas, era un ángel de oro que colgaba de un espejo, justo al lado de otro más pequeño. Cuando lo vi, pensé cuánto dinero podría costar y lo bueno que seria para la familia si yo llegaba a venderlo.

Lo guarde sin que ninguno de los dos hombres que estaba conmigo me viese, y caminamos nuevamente hasta el tren.

Cuando le explicamos a la gente lo sucedido algunos rieron, otros se atormentaron, pero al fin, estaba todo resuelto.

Cuando me senté de nuevo en la silla del conductor, vi algo que de verdad me dejo sin aliento.

Estaba allí, sobre las vías, nuevamente, el colectivo.

Estaba con las luces prendidas, pero más cerca…

Mi corazón se acelero cuando vi que sus luces se prendían y que las ruedas empezaban a moverse.

Corrí hacia el vagón y recuerdo haberles gritado fuerte que corran hasta la estación más cercana, lejos de ella…

Los evacue a todos, y corrí lo más rápido que pude, lejos de eso. Lejos de todo.

En un momento me di vuelta, y vi como las sombras empezaban a moverse junto al colectivo, que ahora estaba yendo a una velocidad realmente asombrosa.

Y nosotros corríamos, la gente se quedaba atrás, la gente mayor tropezaba, los jóvenes se detenían y comenzaban otra vez. Era una sensación de ahogo la que no me dejaba correr.

Pero de pronto, la gente empezó a ir más rápido, y cada vez más rápido, mientras yo quedaba atrás, cada vez más cerca del colectivo. Estaba casi pisándome los talones, veía sus luces en el suelo, cuando paré, el paró.

Con los ojos cerrados me di vuelta y ahí estaban las brillantes luces que daban calor, sus bellos asientos y ese mágico aroma a perfume.

No entendía que pasaba… no podía moverme, no podía… no podía moverme, solo pensar, era un palo en el pasto, un simple arbusto mas, que solo se movía con el silbar del viento.

Tenía su luz enfrentándome, sus cálidas luces, que empezaban a quemar.

Esa belleza, esa calidez estaba lastimándome.

La noche se volvía color neón, las nubes se movían velozmente sobre mi cabeza. Las cosas se desintegraban y volvían a restaurarse, lo único que quedaba era el colectivo y yo. Parados uno frente al otro.

Mi cabeza daba vueltas, a punto de salir de mi cráneo, no había manera de moverme, hasta que escuche una voz, que relajo todos mis músculos.

“Devolverás lo que es mío, o lo devolverá el otro”

Sin entender, negué tener algo suyo.

“Estas seguro?”

Lo estaba, así que asentí.

“Si así lo dices, te dejare ir”

Frente a él, la realidad volvía a ser lo que antes era, y la noche volvía a ser noche.
Corrí pensando en mi familia, y en lo asustada que debía estar.

Salte malezas, atravesé matorrales, y llegue vivo a la estación.
Estaba vacía, toda la gente, mis pasajeros, se habían ido seguramente, asustados, como yo lo estaba.

Espere, y espere, y espere tanto que casi amanecía.

Vi un tren a lo lejos que venía desde donde había dejado el mío.

Pensé que después de esto ya no tendría trabajo. Pero me importaba mas volver a casa.

El tren se detuvo, abrió sus compuertas, y me subí.

No tardo en llegar a la terminal, una vez ahí tome mis cosas y partí con mi auto hasta casa.

Estaba muy cansado, recuerdo, solo quería llegar y acostarme en mi cama al lado de mi esposa, pensaba.

Cuando doblo para estacionar mi auto, veo que frente mi casa había un auto policía.

Uno solo, eso me extrañaba…

Baje del auto, y me acerque al patrullero.

En el había un policía hablando por el comunicador, interrumpiendo le pregunte que pasaba.

El contestó textual:

“Hubo un incidente en esta casa, estamos llamando a una ambulancia”

Sentí como la perdía, a ella, como se desvanecía en lo negro… cuando entre a la casa solo había rastros de sangre  no puedo evitar pensar que era ella la que estaba mal, pero no encontraba su cuerpo, solo policías merodeando el lugar, hasta que encontré a uno que me llevo hasta el jardín.

Allí estaba, su cuerpo en un inmenso mar de sangre… y me pregunte donde estaría mi hijo, ellos me dijeron que estaba en el hospital…

Una noche que no había sido mi noche.

Subí a mi auto, con destino al hospital.

Pero cuando cruce las vías, me embistió el tren.

De mi cuerpo sin vida, al costado de mi bolsillo cayo el ángel que había robado del colectivo, el alma de mi esposa descansaba en el.

Éramos dos muertos en la vía ahora.

Por Helena Carrión. 

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