Caminaba tranquila una noche de otoño, mientras bajo mis pies crujían las hojas al romperse, el sendero frio de una plaza llena de bruma parecía desvanecerse justo al final, no podía ver más allá de unos metros.
Se fue descubriendo la figura de una mujer a lo lejos del camino, recuerdo que un silencio descendió hasta mis pies y cada vez estaba más cerca de ella.
Solo estaba caminando, pensaba, que tan importante puede ser. Caminábamos al mismo ritmo, acercándonos como si de verdad nos conociéramos, pero íbamos a lugares diferentes, yo iba, ella volvía.
Se fue descubriendo la figura de una mujer a lo lejos del camino, recuerdo que un silencio descendió hasta mis pies y cada vez estaba más cerca de ella.
Solo estaba caminando, pensaba, que tan importante puede ser. Caminábamos al mismo ritmo, acercándonos como si de verdad nos conociéramos, pero íbamos a lugares diferentes, yo iba, ella volvía.
Cuando quedaban unos pocos metros de distancia le di una mirada general y disimulada, y vinieron todos ellos volvieron se metieron por mis venas haciendo a un lado los tejidos importantes, querían…lo lograron llegaron a mi corazón lo agarraron, se aferraron a el como un abrazo brusco y con ellos las imágenes se fueron a mi cabeza.
Directamente donde guardaba esa caja de recuerdos difíciles, los que quería olvidar, los que eran inútiles y los más tristes.
Ella, la conocía, de algún lado la tenia, pero de donde…
Cuando me di cuenta que ya había vivido eso, era muy tarde, ya que había olvidado, que era yo.
Por Helena Carrión.
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