sábado, 17 de septiembre de 2011

Navidad.


Me levante una clara y cálida mañana de verano, los pájaros cantaban y el sol parecía abrazarnos con la luz que nos cubría, el viento nos mecía mientras las nubes daban sombra en algunos lugares privilegiados.

Todo andaba como lo previsto, ese día la vería a ella, me levante algo mas emocionado de lo normal, mis pies se sentían algo incómodo, encerrado en una par de zapatillas, y podía proveer que a media mañana estarían realmente insoportables.
Dedique mi mañana limpiando la casa, podría asemejarme a una mujer porque venía de acá para allá con un plumero, una aspiradora y hasta lave los platos.
Pero todo era por una buena razón, hoy es navidad, y lo decidí pasar con la persona que más quiero en todo este mundo, universo. Así que tenía que limpiar, recuerdo bien que levante alfombras, desarme estructuras, limpie hasta debajo del horno.
Mi pantalón estaba frio todavía, aún después de correr de acá allá, iba dejando un halo de colonia, era la que a ella le gustaba, colonia para hombres D’Ors, recuerdo que le encantaba…
Entonces ahí estaba cansado tirado en un sillón luego de estar activo toda la mañana.
Levante mi pesado cuerpo hasta la puerta para ir a buscarla, tome un gran respiro antes de atravesar la puerta, todo esto realmente hacia sudar mis manos, temblaba, como si fuese aquel día de invierno cuando la conocí…
Su piel brillaba con las gotas de lluvia, y su pelo aun húmedo era cortina de un viento helado que penetraba hasta mis venas.


Di pasos largos hasta llegar a la puerta, quería llevar rápido a su casa, en el camino le compre un ramo de flores, y mientras caminaba las humedecía con mis manos, m i corazón latia fuerte, las venas de mi cuello estaban por estallar, si frenaba de seguro el cuerpo me temblaba.

Cuando estaba a solo una cuadra de su casa pude ver su figura alumbrada por el sol, llevaba un vestido al que el viento acariciaba, ella llevaba la inocencia que la caracterizaba, su humildad y esa belleza que cegaba cualquier ser.
 Cuando me reconoció pude sentir que u corazón también se aceleraba, así que me propuse a cruzar, abrazarla y decirle cuanto la había extrañado.
Pero al cruzar lo único que no esperaba sentir era mi cuerpo siendo abatido por un camión, su imagen desvaneciendo, mis sentidos desapareciendo, todos mis órganos en alerta, tratando de hacer el mejor esfuerzo para mantener su misión y que yo siga con vida, pero fue en vano, mi cuerpo estaba demasiado destrozado como para recuperar algo de mí.
La sangre dejo de correr, las funciones se desmoronaron, la ilusión cayó por un precipicio sin piedad…
Tu imagen desapareció, la mía también.


Por Helena.


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