viernes, 23 de septiembre de 2011

Las dos partes de mi.


Tus Movimientos bruscos.
Entrelazan mi corazón.
Cuando veo tus suaves músculos.
Mi mente pierde la razón.

Tu cabello es acariciado por los dioses.
Cuando sonríes el mundo se alegra.
Porque amor mío  brillas como mil soles.
Lo que te amo no tiene arreglo.

Quiero tu corazón, partirlo en mil pedazos.
Para que descanses en mí, cuando ya no estés.
Destrozaré todas las cartas, y borrare esos abrazos.
Lo único que quiero ahora es que en paz descanses.

Mirare tus ojos por última vez.
Antes de que te despidas
para poder darte  tal vez.
Todo lo que antes pedias. 




Por Helena Carrión.




martes, 20 de septiembre de 2011

La plaza.


Caminaba tranquila una noche de otoño, mientras bajo mis pies crujían las hojas al romperse, el sendero frio de una plaza llena de bruma  parecía desvanecerse justo al final, no podía ver más allá de unos metros.
Se fue descubriendo la figura de una mujer a lo lejos del camino, recuerdo que un silencio descendió hasta mis pies y cada vez estaba más cerca de ella.
Solo estaba caminando, pensaba, que tan importante puede ser.  Caminábamos  al mismo ritmo, acercándonos como si de verdad nos conociéramos, pero íbamos a lugares diferentes, yo iba, ella volvía.

Cuando quedaban unos pocos metros de distancia le di una mirada general y disimulada, y vinieron todos ellos volvieron se metieron por mis venas haciendo a un lado los tejidos importantes, querían…lo lograron llegaron a mi corazón lo agarraron, se aferraron a el como un abrazo brusco y con ellos las imágenes se fueron a mi cabeza.
Directamente donde guardaba esa caja de recuerdos difíciles, los que quería olvidar, los que eran inútiles y los más tristes.
Ella, la conocía, de algún lado la tenia, pero de donde…

Cuando me di cuenta que ya había vivido eso, era muy tarde, ya que había olvidado, que era yo. 



Por Helena Carrión.



sábado, 17 de septiembre de 2011

Navidad.


Me levante una clara y cálida mañana de verano, los pájaros cantaban y el sol parecía abrazarnos con la luz que nos cubría, el viento nos mecía mientras las nubes daban sombra en algunos lugares privilegiados.

Todo andaba como lo previsto, ese día la vería a ella, me levante algo mas emocionado de lo normal, mis pies se sentían algo incómodo, encerrado en una par de zapatillas, y podía proveer que a media mañana estarían realmente insoportables.
Dedique mi mañana limpiando la casa, podría asemejarme a una mujer porque venía de acá para allá con un plumero, una aspiradora y hasta lave los platos.
Pero todo era por una buena razón, hoy es navidad, y lo decidí pasar con la persona que más quiero en todo este mundo, universo. Así que tenía que limpiar, recuerdo bien que levante alfombras, desarme estructuras, limpie hasta debajo del horno.
Mi pantalón estaba frio todavía, aún después de correr de acá allá, iba dejando un halo de colonia, era la que a ella le gustaba, colonia para hombres D’Ors, recuerdo que le encantaba…
Entonces ahí estaba cansado tirado en un sillón luego de estar activo toda la mañana.
Levante mi pesado cuerpo hasta la puerta para ir a buscarla, tome un gran respiro antes de atravesar la puerta, todo esto realmente hacia sudar mis manos, temblaba, como si fuese aquel día de invierno cuando la conocí…
Su piel brillaba con las gotas de lluvia, y su pelo aun húmedo era cortina de un viento helado que penetraba hasta mis venas.


Di pasos largos hasta llegar a la puerta, quería llevar rápido a su casa, en el camino le compre un ramo de flores, y mientras caminaba las humedecía con mis manos, m i corazón latia fuerte, las venas de mi cuello estaban por estallar, si frenaba de seguro el cuerpo me temblaba.

Cuando estaba a solo una cuadra de su casa pude ver su figura alumbrada por el sol, llevaba un vestido al que el viento acariciaba, ella llevaba la inocencia que la caracterizaba, su humildad y esa belleza que cegaba cualquier ser.
 Cuando me reconoció pude sentir que u corazón también se aceleraba, así que me propuse a cruzar, abrazarla y decirle cuanto la había extrañado.
Pero al cruzar lo único que no esperaba sentir era mi cuerpo siendo abatido por un camión, su imagen desvaneciendo, mis sentidos desapareciendo, todos mis órganos en alerta, tratando de hacer el mejor esfuerzo para mantener su misión y que yo siga con vida, pero fue en vano, mi cuerpo estaba demasiado destrozado como para recuperar algo de mí.
La sangre dejo de correr, las funciones se desmoronaron, la ilusión cayó por un precipicio sin piedad…
Tu imagen desapareció, la mía también.


Por Helena.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Creemos que lo vemos todo, pero no es así.


Creemos que lo vemos todo, pero no es así.



La habitación del hotel esta llena de gente, llena de almas, llena de sueños que no se cumplieron. Aquellos que no lo lograron se quedaron a pagar sus deudas. Recuerdos que nos saturan la cabeza, imágenes que quedaron en la memoria.
Todo aquello que damos por muerto queda en la habitación 701, la habitación de lo que se atraso, lo que se arruina y destruye.

Como juguetes rotos desechamos aquellos sueños que no nos pretermitimos cumplir, todos nuestros prejuicios llenan nuestras venas hasta explotar y luego volver a nacer.
Miradas que acusan por toda la habitación, parece un concurso de frustrados. Un concurso de gente sin esencia, todos muertos están.
Nuestros miedos quedaran, para hacer presencia de nosotros, en esa habitación. Todo lo que lloramos y sufrimos se derretirá por las paredes.
Así que quedaremos en la memoria de la 701 cuando no nos dejemos caer, cuando dejemos de soñar, cuando pensemos en lo que “nunca pasara.”


Por Helena Carrión.