Sábado, 28 de mayo de 2011 a las 23:41
Una larga y calurosa noche comenzaba, debían ser cerca de las ocho de la noche cuando Eliza empezó a escribir, ella siempre escribía.
El ladrido de un perro a lo lejos la despertó de un prematuro sueño.
Con su cabeza en su teclado y un gran dolor en los ojos, se levanto y camino tambaleando hacia el baño, limpio su rostro, y atreves del viejo espejo vio algo temerosamente horrible.
La luz se apago.
Mientras su corazón se aceleraba su mano buscaba el interruptor para prender la luz nuevamente.
El miedo empezaba a apoderarse de su espalda desprotegida. Su cabeza adolorida y mareada perdía equilibrio, todo
parecía dar vueltas sobre ella misma.
Todo paro en el instante que aquella cosa poso su mano en el hombro de Eliza.
Una débil gota de sudor recorrió su rostro cayendo al frio suelo del baño, donde ahora había mas de una persona.
La respiración del joven cuerpo paro.
Un fantasma atravesó su cuerpo parando su aliento. Envolviéndola con un frio invernal. Abrazándola con el filo del miedo.
Subía por sus suaves piernas una red que ardía como el infierno.
Tomaba sus manos, sosteniéndolas.
Se elevo unos centímetros, dejando todo su peso en el aire, mientras se sostenía por una fuerza mayor.
Una luz que venía del techo dejo ver a todas las criaturas en esa habitación, eran miles. y todas estaban alrededor de Eliza.
Sus pupilas se dilataron dejando entrar en ella todos los serse que pacientes esperaban el momento de entrar en ella.
Calló dejando todo su peso en el frio y áspero piso del baño. La luz tenuemente se fue prendiendo.
El color y la vida de su cuerpo no volvieron por unos momentos.
Abrió los ojos repentinamente. Caminó lenta pero ágilmente a la cocina. Tomo un cuchillo...ella
sentía como aquella cosa estaba detrás de ella otra vez.
Y cortó ágilmente su pálido cuello, dejando que ese mar de sangre callera velozmente por su pecho, luego su estomago y finalmente al suelo.
Por Helena Carrión.

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